Situémonos en los días finales de junio de 1918. En casi los mismos instantes en que los estudiantes reformistas desalojaban, gracias al gobierno yrigoyenista, a la vieja oligarquía de las vetustas universidades. En esos días ocurría algo mucho menos épico… pero infinitamente más revelador.
Se estaba acercando el Día de la Independencia.
Don Hipólito Yrigoyen se entera de que en el Instituto de Menores, que hoy lleva su nombre, en la avenida 24 de Septiembre de la capital cordobesa, muchos chicos estaban escasos de ropa, no solamente para las fiestas patrias, sino para la vida diaria.
Yrigoyen, que nunca cobró un solo peso de su sueldo —que donaba a la Sociedad de Beneficencia, institución que “agradeció” cristianamente esos aportes importantes festejando la caída del sistema republicano en 1930— tuvo una ocurrencia: sacar de su bolsillo, y del de los ministros radicales, una suma que les permitió comprar, de su dinero particular —sí, particular—, 8.000 trajes para donarlos, a fin de que los chicos de escasos recursos no se diferenciaran de los beneficiados de la fortuna en los actos públicos, en los desfiles.
¿Quién se acuerda de eso hoy?
¿Quién se acuerda de cuando Raúl Ricardo Alfonsín donaba la mitad de sus haberes para el Hogar de Ancianos de Chascomús? ¿O que donaba su jubilación de privilegio como ex presidente al PAMI?
¿Quién se acuerda de Alvear con gestos similares desde la sobriedad?
¿O de Illia y su ética austera casi obstinada?
Nada de esto era romanticismo. Por el contrario, era algo muy sencillo y hoy olvidado: CONDUCTA. Hoy algunos hablan de “modernizar” el radicalismo. Otros de “aggiornarlo” a los tiempos. Algunos, directamente, de parecerse a cualquier cosa con tal de ganar una elección casi como si tuvieran una urna en la cabeza.
Pero la pregunta es otra: ¿En qué momento dejamos de parecernos a esto?
Porque el problema no es perder elecciones. El problema es perder el alma.
Bueno, por lo menos, si alguien lee estas palabras, sabrá la diferencia con la que obraban los radicales de «paladar negro». Valga para el recuerdo. Porque esto también fue el radicalismo. Y no hace tanto tiempo.
Miriam Marisa
Me alejé de mi partido xq hace años viene contaminado. Leer esto me llena el alma, son los ejemplos que marcaron mi vida y aunque en mi trabajo me digan que soy una estúpida, me tengan marcada por Radical voy a seguir siendo honesta. Pobre pero honesta.
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